¿Concordia es la ciudad más pobre del país? La pregunta se instaló después de conocido un dato del INDEC y quedó dando vueltas en la ciudad, donde el debate no es solo estadístico. Un ex diputado provincial, Néstor Darío Loggio, la toma como puerta de entrada para explicar un problema estructural que va mucho más allá de la coyuntura.
El ex legislador arranca con una precisión: en una visita a Concordia, el ministro de Gobierno de Entre Ríos, Manuel Troncoso, culpó al peronismo de esa realidad. Para Loggio, ese planteo resulta poco serio y no alcanza para entender por qué una ciudad que fue capital económica de la provincia terminó atada a la zafra, al empleo precario y a la incertidumbre.
Concordia no nació pobre. Hasta los años ochenta tenía pleno empleo, casi nula indigencia y un índice de pobreza muy bajo. Esa foto no era magia local: venía de un modelo de país que, en 1974, durante el tercer gobierno de Perón, alcanzó el índice de desocupación más bajo de la historia, el 4 por ciento.
Luego vino el golpe cívico-militar de 1976 y cambió la acumulación industrial por una lógica financiera. En Concordia, el golpe fue visible: Salto Grande llegó a contratar más de 4.000 trabajadores registrados hasta 1980; el frigorífico CAP Yuquerí, en Benito Legeren, empleaba alrededor de 2.000 personas; la citrícola Pindapoy S.A. tenía más de 2.000 empleados; y el Ferrocarril General Urquiza generaba cerca de 2.000 puestos en la ciudad.
El cálculo que deja sin aire es simple: en una década, esos cuatro ejemplos alcanzan a la pérdida de 10.000 puestos de trabajo en blanco y bien remunerados. Loggio pide multiplicar por una familia tipo para entender cuántos concordienses quedaron sin ingresos, primero con kioscos, después con remis y luego con canchas de paddle, un furor que terminó rompiendo a muchos emprendedores por sobreoferta.
Desde entonces, la economía local se primarizó: preeminencia de la fruta, los cítricos, los arándanos, la madera y el cuentapropismo. Ahí aparece la paradoja: entre marzo y noviembre, en plena zafra frutícola, hay alta empleabilidad, pero la pobreza no baja porque los salarios quedan por debajo de la línea de pobreza.
El dato que enciende la discusión es la línea de pobreza familiar que fija INDEC: con ese umbral, el análisis sostiene que la mayoría de los empleados públicos, de la administración central, municipal y docente, quedaría en pobreza. Y remata con una advertencia directa al gobernador Frigerio: teléfono para Frigerio.
La lectura no es una foto de desastre, sino una advertencia: Concordia sigue atada a los ciclos macroeconómicos y a la zafra frutícola. Si no se recupera el empleo estable y el salario no supera la línea de pobreza, la ciudad va a seguir dependiendo de la coyuntura.


