En la administración pública, la capacitación dejó de ser un trámite de fondo de carpeta y se convirtió en herramienta de carrera. Según la dirigente sindical Satler, entre febrero y fines de agosto un total de 5.067 trabajadores estatales se formaron a través de las propuestas del sindicato.
El dato no es menor: en el mismo período se entregaron 5.554 certificados a empleados de la administración pública que participaron de distintas instancias formativas. La diferencia, explicó Satler, está en que algunos trabajadores realizaron más de una capacitación.
La dirigente recordó que, cuando el tema aún se discutía, el otro gremio planteó en la mesa paritaria que continuara la modalidad de antigüedad como único criterio para recategorizar. Desde UPCN, sostuvo Satler, se impulsó la capacitación como medio de promoción y esa postura fue la que finalmente prosperó.
“Pero el mérito más importante es que todos los gremios hoy estén hablando de cómo capacitar a los empleados públicos”, resaltó Satler. Y remarcó que para los trabajadores ya no se trata únicamente de capacitarse para acceder a la recategorización: se instaló como eje central de la carrera.
Las propuestas incluyen temáticas que responden a las necesidades actuales del Estado: Inteligencia Artificial, empleo público y normativas vigentes, procedimiento administrativo, condiciones y medio ambiente de trabajo, ética pública, salud laboral, RCP/DEA y primeros socorros, redacción administrativa, habilidades blandas y salud mental. Están abiertas a todos los trabajadores estatales, independientemente de su afiliación sindical.
La capacitación no quedó en un aula cerrada: se desarrolló en distintas localidades de la provincia. Y, según Satler, todas las propuestas forman parte del Plan Provincial de Capacitación y cuentan con resoluciones oficiales que les otorgan validez para los procesos de recategorización y para los concursos dentro de la administración pública.
¿Qué cambia en la práctica? Que el empleado público ya no se mide solo por años de servicio, sino por capacitación. En un Estado donde la gestión cotidiana exige resolver trámites, atender al vecino y aplicar normas en permanente actualización, la formación se vuelve capital. No es un adorno: es la diferencia entre un cargo que se hereda por tiempo y una carrera que se construye con herramientas.
También pesa el dato de que las capacitaciones están abiertas a todos los trabajadores estatales, sin importar la afiliación sindical. Eso amplía el alcance: no es un club cerrado ni un beneficio de un grupo. Es una puerta común para quien quiere sumar competencias y, al mismo tiempo, acreditarlas con resoluciones oficiales.
El mensaje final es simple: la capacitación dejó de ser un trámite para recategorizar y se transformó en política de Estado. Si todos los gremios hoy hablan de formación, la discusión ya no está en si capacitar o no, sino en cómo sostenerla como eje de la administración pública.


