El lunes, Entre Ríos 2050 se reunió en Crespo y dejó una frase que no deja lugar a dudas: sin caminos, no hay desarrollo. Y vos, si recorrés la provincia, sabés que el reclamo no es nuevo: el grupo de empresarios y productores volvió a pedir obras viales nuevas y a poner el dedo en la llaga de una red vial que, según advirtieron, se destruye con los años.
En la mesa estuvieron los fundadores del espacio, con Héctor Motta y Alfredo Calabrese entre los presentes, y Felipe Berruhet en su rol de coordinador. También participaron Daniel Rodríguez y Matías Ruiz en uso de licencia, junto a Luciano Filipuzzi y Juan Pablo Filipuzzi, referentes del sistema universitario provincial.
El reclamo no quedó en generalidades: se nombraron dos proyectos postergados, la Autovía del Bicentenario que une Paraná y Crespo, y el enlace entre la Ruta Nacional 12 y la Ruta 11, entre Victoria y Aranguren. Ese último tramo suma 32 kilómetros, data de 2017 y viene acompañado por obras complementarias con el enlace Victoria-Rosario, claves para acortar distancias.
Ahí apareció la frase que tituló la reunión: “Sin pavimento no hay desarrollo”, dijo Felipe Berruhet. Para el coordinador, los dirigentes deben entender que las obras son centrales para las comunidades tierras adentro, más allá de las cuestiones partidarias. La prioridad, sostuvo, debe estar en obras estratégicas nuevas y no solo en trabajos de mantenimiento por zonas.
La mirada macro también pesó. Alcides Balla lamentó la postergación de obras y advirtió que el escenario se complica por la suba del Riesgo País, que encarece el financiamiento. Según explicó, ese dato condiciona el acceso a líneas de crédito internacionales para proyectos que trasciendan a las generaciones presentes.
Calabrese fue más duro con la ecuación fiscal: en Entre Ríos hay un problema de falta de capacidad de inversión y de repago. Recordó que la Provincia cuenta con un presupuesto inelástico, que condiciona las inversiones de capital, y la mesa sugirió fijar un porcentaje fijo para garantizar kilómetros nuevos pensando en un futuro deseado.
La propuesta fiscal fue concreta: desgravar impositivamente la inversión en infraestructura pensada para el desarrollo. Calabrese señaló que, según estudios, el costo fiscal total entre mano de obra y materiales oscila entre 45 y 55%, al sumar impuestos nacionales, provinciales y municipales, junto a las cargas sociales. También planteó que mejorar la ecuación entre plazos y flujo de capital es clave para garantizar el recupero mediante un sistema de peajes.
Motta sumó otra preocupación: la conexión aérea con Buenos Aires, con horarios que no son convenientes para las actividades locales y escasez de alternativas de vuelos. También recomendó promover obras de acceso a localidades para un desarrollo armónico del turismo sobre la costa del Paraná, tal como se ha logrado llevar adelante sobre esa costa.
El grupo Entre Ríos 2050 dejó en claro que su reclamo no se limita a una obra puntual: busca que la Provincia incorpore una política de largo plazo para el desarrollo vial, con financiamiento y reglas fiscales que permitan ejecutar proyectos. La discusión quedó planteada en Crespo, con la mirada puesta en los kilómetros que faltan y en la capacidad real de invertir.


