“Ahora vamos a ir a recibir a papi que ya está llegando”, le dijo una mujer a su pequeño hijo, de unos 4 años, al bajar del avión de la Fuerza Aérea Argentina que los llevó desde Buenos Aires hasta el Área Material Río IV, en la provincia de Córdoba, para reencontrarse con el piloto que venía en uno de los seis nuevos F-16 que arribaron al país este martes.
Ya había comenzado a caer el sol cuando, pasadas las 16:00, los cazas surcaron el cielo e hicieron pasadas de exhibición antes de aterrizar en suelo nacional. El arribo se retrasó unos minutos por problemas meteorológicos en el sur de Brasil y el norte de la Argentina, y porque un tanquero se demoró por falta de documentación. La operación, en vez de un arribo puntual, terminó con una espera que el plan ya anticipaba.
“De todas formas, en el plan original estaba previsto que pudrieran pasar este tipo de cosas y por eso es que se manejaba un espacio de tiempo de llegada y no un horario exacto”, explicó uno de los pilotos que vino desde Dinamarca. Los cazas partieron el 22 de septiembre de Skrydstrup, Dinamarca, con escalas en Zaragoza, Gran Canaria y Natal, antes del último tramo hacia Río Cuarto. El viaje no fue un paseo: partió de Dinamarca, tocó Europa y Brasil, y cerró en Río Cuarto.
Las aeronaves las esperaron el ministro de Defensa, Carlos Presti; los jefes del Estado Mayor Conjunto; el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas; y los diputados libertarios Carlos Zapata y Laura Soldano. La foto no era casual: Defensa, fuerzas armadas, diplomacia y política en el mismo lugar.
Con esta entrega, el país ya cuenta con 12 de las 24 aeronaves adquiridas por poco más de 300 millones de dólares. El Gobierno analiza adelantar los dos lotes restantes para completar el programa durante 2027, en pleno año electoral. La cuenta no es solo militar: es también política.
El segundo lote está compuesto por cuatro F-16AM monoplaza y dos F-16BM biplaza. Viajaron junto con un Boeing 737 T-99 Islas Malvinas, con técnicos, mecánicos, repuestos y herramientas, y un KC-130H de la Fuerza Aérea Argentina para respaldo logístico. Detrás de cada caza hay un tren de gente, piezas y procedimiento.
Algunos aviones estuvieron al mando de pilotos argentinos ya entrenados, mientras otros fueron operados por Top Aces, la empresa norteamericana que se encarga de la logística y capacitaciones. Entre los primeros estuvo el vicecomodoro Guillermo Gustavo Llana, segundo al frente del programa F-16 Peace Condor, a las órdenes del comodoro Juan Manuel Sosa. La transferencia de un sistema de armas no es solo entregar metal: es formar gente.
¿Vos te imaginas la escena? En el hangar, Sosa le presentó formalmente a Juan Carlos Romay las unidades del segundo Ferry. Al llegar, los pilotos bajaron de los cazas, se quitaron los cascos y saludaron a autoridades, veteranos e invitados. El niño corrió a recibir a su padre y se fundió en un abrazo con la madre.
La operación muestra que la renovación de la Fuerza Aérea Argentina avanza con entregas concretas. Resta saber si el Gobierno logra adelantar los dos lotes pendientes y convertir la llegada de los F-16 en un hecho político-electoral en 2027. Si se concreta, el cielo argentino tendrá un nuevo capítulo antes de las urnas.


