La visita de León XIV a Argentina ya dejó en claro una cosa: no va a ser una foto para el gobierno. En Buenos Aires, Javier Milei tendrá la oportunidad de hablar ante el pontífice en el Palacio Libertad, después de reunirse con él en la Casa Rosada. Pero no será el único en escena.
El momento previsto es la tarde del arribo, en el Encuentro con las Autoridades de la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático. Ahí, el presidente podría volver a cruzar la línea que separa la doctrina social de la Iglesia de su prédica económica. ¿Vos creés que se va a animar a insistir en que la justicia social equivale a robarles a los ricos para dársela a los pobres?
La preocupación oficial no está en el saludo, sino en el Encuentro con el Mundo del Trabajo, previsto para el día siguiente en la UCA. Ahí estarán empresarios, sindicalistas y movimientos populares, y un representante de cada sector brindará un testimonio. El Gobierno intentó que no se realice y no lo logró.
El temor no es menor: puede terminar siendo una sesión de reclamos contra la gestión. En la Iglesia, en tanto, se procura que esos testimonios no sean incendiarios. Los pontífices, señalan, no suelen confrontar de frente con los gobiernos, sino expresar principios de su doctrina social.
Tampoco está claro si empresarios pyme y sindicalistas leerán un documento conjunto que impulsan Jorge Sola, uno de los secretarios generales de la CGT, y Osvaldo Cornide, presidente honorario de CAME. Días atrás, los movimientos populares le enviaron al papa un informe duro. Ese material ya pesa en la mesa de la Casa Rosada.
Otro punto sensible es la visita al Cottolengo de Don Orione, en Claypole. La visita se da en medio de la polémica por los recortes y la falta de actualización de prestaciones a personas con discapacidad. El Gobierno dio marcha atrás con ese ajuste en el proyecto del presupuesto 2027, pero la presencia papal volverá a poner el tema sobre la mesa.
Los viajes papales siempre incluyen un espacio con personas vulnerables, y en este caso los obispos propusieron ese destino. El Vaticano lo aceptó, aunque no se descuenta un reclamo fuerte del pontífice. Aun así, su sola presencia puede decir mucho más que cualquier discurso.
El Gobierno se alegró porque el Vaticano no aceptó el pedido de los movimientos populares de visitar una villa. Pero la valoración que esos sectores hacen de León XIV, en línea con Francisco, mantiene la incógnita. No se descarta un paso en papamóvil por una zona populosa.
Tampoco todo el Ejecutivo pudo hablar. Pablo Quirno, ministro de RREE y Culto, quería hablar en el saludo a líderes de iglesias cristianas y otras confesiones en el Palacio San Martín. La Santa Sede le dijo que el pontífice sería el único orador.
La Santa Sede recomendó que todos los niveles del Estado alcanzados por la visita participen. Después de una primera reunión en la Casa Rosada, donde el Gobierno porteño y el de Buenos Aires no estuvieron, desde la segunda los sumaron. Ahí se notó que la visita no es solo un acto nacional.
El mensaje de la Iglesia es claro: León XIV viene para todos los argentinos. El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, reclamó que no sea metido en la grieta. Karina Milei usó esa prédica para enviarle un mensaje a la oposición: la visita no debe usarse políticamente.
Falta, todavía, que el presidente reciba a la cúpula del Epis. El encuentro con la sociedad civil ya quedó en el centro de la agenda. La visita papal pondrá a prueba la relación entre el poder político y la Iglesia en un momento de fuerte tensión.


