domingo, septiembre 27, 2026
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Trump y Delcy Rodríguez: la alianza que sacude a Venezuela

“El vencedor se queda con el botín”. Con esa frase, Donald Trump le puso nombre a lo que pasó en la ONU: Venezuela, otra vez, se juega por el petróleo.

Delcy Rodríguez, en su primera visita a Estados Unidos como mandataria interina de facto, consolidó su reinserción internacional entre reuniones bilaterales y fotos sorpresivas con mandatarios latinoamericanos.

En paralelo, en las calles de Caracas y en diversos puntos de Venezuela se multiplicaron las protestas. De día y de noche, decenas de venezolanos pidieron acceso a energía, una fecha clara de elecciones libres y el regreso de María Corina Machado.

Fue una semana de decepción y desconcierto para la mayoría de los venezolanos que, el pasado 3 de enero, cuando las fuerzas militares de Washington incursionaron en Miraflores y extrajeron a Nicolás Maduro —ahora preso en Nueva York—, vieron una ventana de esperanza para una transición a la democracia.

También marcó un quiebre entre la oposición venezolana y la Casa Blanca, después de que el círculo cercano a María Corina Machado denunciara que, por séptima vez, se le impidió el regreso al país a la líder opositora.

El primer golpe llegó a mitad de semana. Trump, quien celebró en la ONU como un triunfo de su gobierno la captura del “dictador y corrupto” Maduro, posó sonriente con la exvicepresidenta chavista tras un encuentro cara a cara en el que acordaron fortalecer su relación bilateral y cooperar en materia energética.

Sin fijar una fecha ni dar mayores detalles, el presidente estadounidense dijo este sábado que habló “de elecciones” con Rodríguez, elogió el “histórico” acuerdo petrolero y celebró avances en el vínculo con su “amable y fantástica” contraparte.

Mientras el chavismo se caracterizaba en el pasado por el aislamiento y las críticas al “imperialismo yanqui”, Delcy Rodríguez optó esta semana por abandonar esas antiguas consignas. Su agenda en Nueva York fue tan intensa como impensada: además de su reunión con Trump, se juntó con el presidente de Chile, José Antonio Kast, antiguo crítico acérrimo del régimen.

Días antes había experimentado su primer encuentro de alto nivel con el presidente de Paraguay, Santiago Peña, también conservador, aunque éste fue tajante al reclamar una fecha de los comicios en su discurso en la ONU. Dentro del recinto, a la exvicepresidenta de Maduro se la vio sonriente saludando a su homólogo español, Pedro Sánchez, y dio un discurso en el que prometió al mundo que “en Venezuela habrá elecciones”.

Aunque dijo vagamente que “el pueblo venezolano, con su sabiduría ancestral, determinará el momento correcto”, Rodríguez estaba en el poder tras unas elecciones denunciadas por fraude. Constitucionalmente, en julio se cumplió el plazo máximo de 180 días de su mandato interino.

“Venimos contentos como delegación por la misión cumplida”, declaró Rodríguez al aterrizar de vuelta en Caracas, al celebrar sus logros en el plano internacional. En este sentido, dos cosas quedaron claras: la nueva líder del chavismo es funcional para que la Casa Blanca logre sus objetivos, principalmente en materia de hidrocarburos, y mientras siga siendo útil, María Corina Machado sigue fuera de la mesa.

Daniel Chang Contreras, politólogo venezolano, sostiene que, desde el punto de vista de Donald Trump, tener a Delcy Rodríguez en Nueva York es como un “trofeo de guerra” para un presidente que enfrenta una elección de medio término complicada. Necesita la presencia de Delcy para mostrarla como un éxito de la política exterior.

Acá, si vos mirás la agenda, la lectura no deja margen para la ingenuidad: sin fecha cierta, sin regreso de la opositora y con el petróleo como eje, la nueva normalidad en Venezuela se escribe con la Casa Blanca y con Delcy Rodríguez en el centro. Mientras tanto, las protestas marcan el pulso de un país que reclama elecciones libres.

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