Cruzar el Río de la Plata ya no es solo subir a un barco: es entrar en una etapa distinta del transporte marítimo. La compañía Buquebus lo plantea como un salto: más capacidad, menos emisiones y una operación más moderna.
La historia arranca hace 46 años, con millones de pasajeros cruzando el río y una empresa que fue sumando rutas, capacidad y tecnología. No fue un cambio puntual: fue una inversión sostenida para que viajar entre ambas orillas sea más simple, eficiente y sostenible.
Uno de los grandes hitos llegó con el Buque Francisco, que reforzó la conexión directa entre las dos capitales. Su propulsión por Gas Natural Licuado redujo aproximadamente un 25% las emisiones de CO₂ frente a combustibles tradicionales.
Esa transformación no quedó flotando: también tocó tierra. Puerto Madero incorporó energía solar, y se sumaron proyectos en Colonia, Montevideo y Punta del Este. La idea era clara: mejorar la experiencia del pasajero y seguir bajando el impacto ambiental.
Ahora aparece el China Zorrilla, y el salto es más ambicioso: un buque con propulsión 100% eléctrica y cero emisiones directas durante la navegación. Ahí te encontrás con un dato fuerte: 130 metros de eslora, capacidad para 2.100 pasajeros y 225 vehículos, más del doble de pasajeros que el Francisco, y el rótulo de buque 100% eléctrico de gran porte más grande del mundo.
No es solo tamaño: el China Zorrilla incorpora un sistema de almacenamiento de energía de más de 40 MWh y ocho waterjets impulsados por motores eléctricos de alta potencia. Para que esto funcione, se desarrolló infraestructura eléctrica en Colonia del Sacramento y Buenos Aires, además de capacitación de tripulaciones, protocolos y mantenimiento especializado.
El cambio de lógica también está en la ecuación: antes, más conectividad significaba sumar frecuencias; ahora, se busca transportar más pasajeros por viaje con buques de mayor capacidad y menor impacto ambiental. Eso permite reducir la huella de carbono por pasajero, con más espacios de recreación, clases de cabina y experiencias gastronómicas a bordo.
La operación también ordena el viaje: el Buque Francisco mantiene la conexión directa entre las dos capitales, con un récord Guinness por su velocidad. El China Zorrilla responde a una lógica complementaria, y juntos muestran que la cruzada entre orillas empieza a cambiar de forma.
Electrificar un buque de esta escala no es un detalle técnico menor: obliga a transformar los puertos que lo reciben. La energía utilizada proviene casi en su totalidad de energías renovables, y el nuevo buque lleva a una nueva dimensión la eficiencia energética y la descarbonización iniciadas años atrás.


