El papa León XIV volvió a poner a París de rodillas, esta vez con una misa al aire libre en la plaza de la Concordia ante unas 700.000 personas. El pontífice cerró su segundo día en Francia con un mensaje que te deja claro: nadie es un número, ni un documento, ni una matrícula.
La visita de cuatro días continuará en Lourdes y Metz, y el viernes el pontífice llegó a la capital francesa con el repique de campanas en todo el país. Antes de la misa, recorrió la avenida de los Campos Elíseos en papamóvil, desde el Arco del Triunfo hasta la gran carpa blanca.
Horas antes, el papa visitó la Maison Bakhita, una asociación católica de ayuda a migrantes fundada en 2017 en homenaje a Josefina Bakhita. Allí escuchó testimonios de exiliados de Afganistán y Nigeria, y pidió “honrar la dignidad infinita de cada hermano y hermana” y “liberar a quienes la economía y la cultura reducen hoy a la esclavitud”.
Uno de los relatos fue el de Meysam, un sastre afgano de 35 años que llegó a Francia en 2015: “En la vida, nunca hay que rendirse”. El pontífice, nieto de inmigrantes, subrayó que es posible “encontrarnos y convivir con dignidad y paz”.
Acá el gesto no es menor: la inmigración se perfila como tema central de las elecciones presidenciales de Francia el próximo año, donde Marine Le Pen lidera los sondeos. La coordinadora de las Capellanías Católicas de la Migración, Marcela Villalobos, sostuvo que son muchas más las personas a favor de la acogida de los migrantes y de “esta civilización del amor”.
El dispositivo de seguridad fue similar al de los Juegos Olímpicos de 2024 y sumó unos 14.000 agentes de policía, gendarmería y militares, además de 2.500 bomberos. Decenas de pantallas gigantes se repartieron a lo largo de un tramo de más de dos kilómetros para que los fieles siguieran la ceremonia.
El Vaticano estimó en torno a 700.000 asistentes y amplió la zona habilitada hasta formar un tramo de tres kilómetros entre la plaza de la Concordia y la Porte Maillot. El dato explica la magnitud del operativo y la escala de la convocatoria.
Entre el público esperado figuran Marine Le Pen y Jordan Bardella, mientras el presidente Emmanuel Macron no asistió y en su lugar fue su esposa, Brigitte. La presencia de referentes de la extrema derecha y la ausencia del presidente le dan un peso político a la ceremonia.
Por la mañana, el papa se reunió con un grupo de católicos recién bautizados en el Instituto Católico de París y se mostró sorprendido por su número. Agradeció lo que calificó de obra “insondable” de Dios y pidió “reconocer, acoger y proteger la pequeña llama” que el Espíritu Santo ha encendido “en la oscuridad de la noche”.
En la misa, el pontífice defendió la dignidad de cada persona: “Ninguno de nosotros es un número, un documento de identidad o una matrícula, sino una persona única e irreemplazable”. Agradeció a las familias que “perseveran con valentía” y destacó el “entusiasmo, dinamismo y compromiso alegre” de los jóvenes, a quienes llamó “la Iglesia de hoy”.


