La crisis llegó a la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, y la cuenta no cierra: la institución busca vender su propia sede y dos campos para seguir de pie. La medida quedó en el centro de la escena tras una reunión del Consejo Directivo que resolvió convocar a asamblea. No es un ajuste menor: se trata de inmuebles que hoy pesan en la estructura de una entidad que atraviesa su momento más duro.
El Consejo Directivo, en su reunión plenaria del martes 8 de septiembre, decidió llamar a los socios a una Asamblea Extraordinaria. La sede de la institución, en San Martín 553 de Paraná, será el lugar del encuentro. La asamblea quedará constituida en primera convocatoria el 5, 9 y 14 de octubre, a las 19.
El orden del día es claro y no deja lugar a dudas: se pide autorización para vender el inmueble de San Martín 553 de Paraná. También para desprenderse de 192 hectáreas en Alcaraz Segundo, La Paz, y de un campo de 72 hectáreas en Nogoyá. Son bienes propios de la institución, no un lote cualquiera, sino parte de su estructura patrimonial.
La entidad explicó que la situación se agravó por cambios en las formas de operar de los actores del mercado agropecuario. Según su propio relato, esas modificaciones afectaron la intervención de la Bolsa en la concreción de contratos del sector. De ahí salió una merma importante de recursos, el problema de fondo que ahora obliga a decisiones que nadie quería tomar.
“En los últimos tiempos las formas de operar de los actores del mercado agropecuario han variado de manera considerable”, advirtió la institución. Y agregó que ese cambio llevó a afectar “significativamente la intervención de la Bolsa de Cereales en la concreción de los contratos del sector”. La frase suena a diagnóstico, pero también a confesión: si no se participa, no se recauda.
La otra medida que pesa es la desvinculación del gerente Manuel Villagra, quien permanecerá en el cargo hasta fin de mes. La institución habló de una salida por mutuo acuerdo, aunque el anuncio terminó generando ruido. El presidente, Diego Camuñas, reconoció el peso de la decisión y valoró la tarea de Villagra en la conducción de la entidad.
Camuñas dijo que se llegó a la determinación “con gran pesar” y subrayó la “permanente presencia institucional” y la “prolijidad del manejo” que dejó el gerente. También recordó el rol de la Bolsa en asuntos de trascendencia, entre ellos un amparo ambiental con reciente resolución del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos. Es un detalle que pone en contexto el tamaño de la institución, más allá de la crisis.
Villagra, por su parte, se despide con tono sereno. “Considero que cumplí una etapa de gran experiencia y aprendizaje profesional al frente de la gerencia”, expresó. Y cerró: “Agradezco a las autoridades, a los socios, al equipo de la Bolsa y a cada uno de los actores del sector”. No hay bronca en sus palabras, pero sí la certeza de que la entidad entra en una etapa distinta.
La asamblea será el termómetro de lo que viene. Si los socios autorizan la venta, la institución se queda sin su sede y con menos campo para sostener su modelo. Si no, el problema de caja se agrava y la reestructuración se vuelve más incómoda. En el medio queda un sector agropecuario que observa con atención cómo una entidad que marcó agenda ahora tiene que vender para no desaparecer.


