Novecientas bajas y contando. El comercio de Concordia atraviesa una sangría silenciosa que los números ya no pueden disimular: empleados que se van, otros que quedan pero en negro, y una economía de barrio que se sostiene a fuerza de changas y aplicaciones de reparto.
Simonetti, titular del CEC Concordia, fue directo al describir el fenómeno: “La gente se va a las app”. Muchos ex empleados del sector optaron por salir a la calle con su auto como choferes o con su moto como repartidores. No es vocación, es supervivencia. “De algún lado tienen que vivir y hacer lo que sea, pero trabajo formal como tenían antes”, remarcó el dirigente.
El problema no es solo la pérdida de empleo registrado. Hay una capa más oscura: trabajadores que siguen en sus puestos pero en condiciones de informalidad. Los supermercados, según el gremialista, “achicaron al máximo todo”. El mecanismo es conocido: el empleador le explica al trabajador que ya no puede sostener los aportes jubilatorios, la seguridad social, la cuota sindical ni la obra social. A partir de ahí, el salario lo fija el dueño del local. “Mirá, yo te puedo pagar hasta acá”, es la frase que se repite.
Si en el centro la situación es grave, en la periferia directamente es otra realidad. El nivel de informalidad en almacenes y supermercados chicos es altísimo, según Simonetti. Las únicas empresas que mantienen trabajadores en blanco son las grandes cadenas con décadas de presencia en la ciudad.
El trasfondo de todo esto tiene nombre: salarios pisados y paritarias condicionadas. El gremialista fue contundente: “El salario está atrasado. Las paritarias están pisadas; el gobierno las condiciona. No podemos negociar más del 1 o 1,5 %. Más no se puede. Al no homologar, no se pueden pagar porque las empresas no reconocen”. La política de no convalidar aumentos que acompañen la inflación genera un círculo vicioso: menos poder adquisitivo, menos consumo, menos ventas, menos empleo.
Las caídas en las ventas se miden tanto en términos interanuales como mensuales, y el diagnóstico de Simonetti no deja margen para el optimismo: “La gente no tiene plata, está endeudada y si no cambia la política económica, esto no va a cambiar”. El propio gremio siente el impacto: debe brindar los mismos servicios con mayores costos y menores ingresos.
Más de 900 bajas en el sector comercial de Concordia no es un dato estadístico frío: es el retrato de cientos de familias que pasaron del empleo formal a la informalidad, al delivery, a la changa. El comercio de la ciudad aguanta, pero cada vez con menos margen para seguir haciéndolo.


