Enterrado en el suelo del Parque San Carlos de Concordia, esperando desde hace decenas de miles de años, apareció algo que nadie esperaba: una planta fósil petrificada de hábito arbóreo, con un largo de 1,30 metros y un diámetro de 55 centímetros. El hallazgo sacudió a los especialistas y abre una ventana directa a un pasado que pocos imaginaban tan cercano.
El ejemplar fue encontrado por personal del parque en sedimentos de la formación geológica “El Palmar”, vinculada a antiguos depósitos del río Uruguay. Las dataciones realizadas sobre esa formación ubican su antigüedad en un rango de entre 80.000 y 173.000 años, lo que convierte a este fósil en uno de los testimonios más extraordinarios del patrimonio natural de la ciudad. Y el fósil podría ser incluso más antiguo que la formación misma.
Lo que hace todavía más notable al hallazgo es su estado de conservación: los estudios preliminares detectaron la corteza visible en el ejemplar, un detalle que no solo impresiona a los especialistas sino que refuerza la hipótesis de que se trata de una especie autóctona de la región. Durante el período en que vivió esta planta, el territorio que hoy ocupa Concordia tenía condiciones ambientales cálidas y húmedas, de características tropicales o subtropicales. Otro mundo, literalmente.
El traslado de la pieza fue un operativo coordinado entre la Subsecretaría de Turismo, la Coordinación de Museos, el Parque San Carlos, el Museo de Antropología y Ciencias Naturales y Gendarmería Nacional. No era para menos: mover un fósil de estas dimensiones y esta fragilidad requiere cuidados que van mucho más allá de lo habitual. El objetivo es garantizar su preservación y avanzar en los estudios científicos.
¿Qué sigue ahora? A partir de este descubrimiento, se analiza la posibilidad de crear una Sala de Paleobotánica en el Museo de Antropología y Ciencias Naturales, donde puedan exhibirse distintos ejemplares fósiles de la región. La idea es acercar este patrimonio a vecinos, visitantes y turistas, y convertir a Concordia en un punto de referencia para el estudio del pasado geológico del noreste entrerriano.
Un pedazo de árbol que sobrevivió más de cien mil años bajo tierra. Ahora tiene la oportunidad de contar su historia.


