Treinta y cuatro años después de que la Corte Internacional de Justicia redefiniera los límites entre Honduras y El Salvador, el territorio sigue siendo hondureño en los mapas pero, para muchos de sus habitantes, el Estado todavía llega tarde y poco. Eso es lo que el gobierno de Nasry Asfura intenta cambiar ahora, con una apuesta que mezcla obras de infraestructura, servicios públicos y conectividad en zonas que durante décadas vivieron en el olvido institucional.
El mandatario se trasladó hasta Palo Blanco y Nahuaterique, en el departamento de La Paz, acompañado por funcionarios de diversas instituciones. La agenda incluyó el anuncio de nuevos tramos carreteros en Cabañas y Santa Elena, entrega de maquinaria a municipalidades y compromisos en materia de salud, migración e identificación de personas a través del Registro Nacional de las Personas.
La lógica detrás del operativo es clara: en una zona fronteriza, una carretera no es solo economía. Es la diferencia entre que un productor pueda llevar sus cultivos al mercado o que una familia llegue a tiempo a un hospital. Y en Nahuaterique, una localidad cuya historia post-fallo estuvo marcada por el aislamiento y los vínculos familiares cruzados a ambos lados de la frontera, esa diferencia se mide en décadas de integración pendiente.
Otro anuncio que llama la atención es la ampliación de la cobertura de telefonía móvil. En áreas rurales y fronterizas, una señal de celular vale tanto como un camino: permite hacer trámites, comunicarse en emergencias y conectar a los productores locales con compradores. La integración territorial hoy depende tanto del asfalto como del ancho de banda.
El gobierno también tendrá que lidiar con la sequía, que golpea directamente a comunidades que dependen de la agricultura. Asfura reconoció el problema y prometió sostener el apoyo al sector, aunque el contexto no ayuda: el alza internacional de los combustibles suma presión sobre el transporte y la producción, justo cuando el Ejecutivo prepara el Presupuesto 2027 y debe priorizar entre múltiples urgencias nacionales.
La pregunta que queda flotando después de cada visita presidencial a zonas históricamente postergadas es siempre la misma: ¿qué pasa cuando se van las cámaras y termina el acto oficial? La soberanía sobre Nahuaterique lleva 34 años jurídicamente resuelta. Lo que aún está en construcción es la soberanía cotidiana, esa que se mide en la distancia que un ciudadano debe recorrer para encontrar al Estado.


