domingo, septiembre 13, 2026
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Galasso y su lección vigente: leer con criterio en la era de la IA

Se fue en silencio, como vivió: sin estridencias, con la dignidad de quien dedicó décadas a buscar la verdad en los archivos. Norberto Galasso murió el 7 de septiembre a los 90 años, y pocos medios se detuvieron a registrar la partida de uno de los historiadores más rigurosos y comprometidos que dio la Argentina.

Galasso no era un académico de vitrina. Era un trabajador de la historia, en el sentido más literal: acumulaba fuentes, las contrastaba, las ordenaba y las ponía en palabras accesibles para cualquier lector. Esa combinación de rigurosidad científica y escritura clara lo convirtió en referencia obligada para generaciones de estudiantes, periodistas, economistas, sindicalistas y políticos que necesitaban entender de dónde venimos para saber adónde vamos.

Su obra es vasta, pero hay un libro que funciona casi como manual de supervivencia intelectual: “La larga lucha de los argentinos”. Ahí, Galasso explica con precisión quirúrgica cómo se construye un relato histórico y, sobre todo, cómo se deforma. Habla de dos columnas que sostienen la Historia: la Heurística —la acumulación y ordenamiento de testimonios, documentos y datos que prueban la veracidad de los hechos— y la Hermenéutica, que es la interpretación de cómo se articulan esos sucesos entre sí.

Y ahí viene la advertencia que hoy resuena con fuerza inédita: “Detrás del relato —y aun descartando toda intención engañosa por parte del historiador— está presente su ideología, la cual colorea a su modo los sucesos relatados”. En otras palabras, el pasado ocurrió de una sola manera, pero quien lo cuenta siempre usa anteojos. La pregunta que Galasso nos enseñó a hacernos es: ¿qué anteojos lleva puesto quien me está contando esto?

En tiempos donde un algoritmo puede generar en segundos un texto que parece histórico, donde las fake news circulan más rápido que los desmentidos y donde la inteligencia artificial produce contenido sin fuentes ni método, la lección de Galasso no es nostálgica: es urgente. Distinguir entre un hecho documentado y una interpretación ideológica, entre una fuente verificable y un dato inventado, es hoy una habilidad de supervivencia democrática.

Galasso dejó una obra monumental sobre la historia argentina y latinoamericana, con especial atención a los sectores y procesos que la historiografía tradicional prefirió ignorar. Su partida, discreta como fue, no borra nada de lo que construyó: sus libros siguen ahí, esperando lectores dispuestos a hacer el esfuerzo que él siempre exigió — leer con criterio, con método y con honestidad.

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