Cuando las encuestas bajan y la economía no convence, los presidentes argentinos suelen recurrir a un recurso probado: Malvinas. Javier Milei no inventó nada nuevo. Lo que hizo fue subirse a una ola que ya navegaron antes él Carlos Menem y Mauricio Macri, con distintos estilos pero idéntica lógica: agitar la bandera soberana para tapar las grietas del presente.
El presidente ordenó una cadena nacional para anunciar que encabeza los esfuerzos por la recuperación de las Islas Malvinas. El timing no es casual: el gobierno atraviesa una caída en los índices de aprobación, mientras los datos económicos oficiales generan más dudas que certezas en buena parte de la ciudadanía. En ese contexto, el gesto soberanista tiene más de cortina que de política exterior concreta.
El antecedente más claro es el de Menem, señalado históricamente como uno de los presidentes más afines a los intereses del capital extranjero: privatizó YPF, Aerolíneas Argentinas, ENTEL y Ferrocarriles Argentinos, abrió la economía de manera indiscriminada y profundizó el endeudamiento en el marco del Consenso de Washington. Y aun así, no se privó de hacer demagogia con Malvinas cuando le resultó conveniente. La contradicción no le pesó demasiado.
En el caso de Milei, el cuadro se complejiza por la variable geopolítica. La sintonía con Donald Trump no es solo ideológica: hay analistas que señalan que Washington tiene interés estratégico en el Estrecho de Magallanes y en el territorio austral argentino, tanto para proyectar presencia militar como para contrarrestar la influencia de China en la región. En ese esquema, el entusiasmo soberanista de Milei encaja de manera incómoda con la lógica de la subordinación.
Vale recordar que el 4 de abril de 2024, Milei encabezó un acto en la Base Naval de Ushuaia junto al entonces embajador estadounidense Marc Stanley y la jefa del Comando Sur, Laura Richardson. Aquella noche, el presidente habló de una base naval «integrada». La pregunta que quedó flotando en el aire helado de Ushuaia sigue sin respuesta clara: integrada con quién y bajo qué condiciones.
La demagogia soberanista no es patrimonio exclusivo de ningún espacio político argentino. Lo que cambia es el momento en que se activa y el contexto en que se despliega. En este caso, el reclamo por Malvinas llega en medio de un ajuste que impacta sobre jubilados, discapacitados, docentes y sectores vulnerables, lo que hace que el contraste entre el gesto patriótico y la política doméstica resulte especialmente visible para quienes están en el extremo receptor de las medidas de austeridad.


