No fue un reclamo en el vacío. Uruguay confirmó que relocalizará su planta de hidrógeno verde después de que el Gobierno de Entre Ríos y las autoridades de Colón pusieran el grito en el cielo por el emplazamiento original, que amenazaba con chocar de frente con la identidad turística de la zona.
La respuesta del país vecino llegó como respuesta directa a esos planteos, y el Ejecutivo provincial no tardó en celebrarlo. La decisión, dijeron desde el gobierno entrerriano, “compatibiliza la industria con el turismo”, una frase que resume el nudo del conflicto: cómo instalar infraestructura de gran escala sin destruir lo que hace atractiva a una región.
Colón es uno de los destinos turísticos más consolidados del litoral argentino. Su perfil de ciudad termal y su cercanía con el río Uruguay la convierten en un punto sensible para cualquier proyecto industrial de envergadura. Que una planta de hidrógeno verde —tecnología de punta pero con impacto visual y logístico considerable— se instalara en un lugar que pudiera afectar ese ecosistema era, para los entrerrianos, inaceptable.
El reclamo formal del gobierno provincial fue la palanca que movió la negociación. No es menor: que Entre Ríos haya logrado que Uruguay modifique la ubicación de un proyecto de esta magnitud habla de una gestión diplomática efectiva en el marco de la cuenca compartida del río Uruguay, donde los dos países tienen obligaciones y acuerdos históricos de consulta mutua.
La relocalización no implica el abandono del proyecto, sino su reencuadre. El hidrógeno verde sigue siendo una apuesta estratégica para la región, y la planta seguirá adelante, pero en un punto que no genere tensión con el perfil turístico de Colón y su entorno. El desafío ahora es que el nuevo emplazamiento elegido efectivamente cumpla con esa promesa de compatibilidad, y que no se trate de un simple corrimiento cosmético que traslade el problema unos kilómetros.
La decisión marca un antecedente importante: los reclamos ambientales y turísticos de las comunidades entrerrianas tienen peso en la mesa binacional, y el diálogo entre los dos países sobre el uso del territorio compartido sigue siendo una herramienta vigente y funcional.


