Los números no mienten y esta vez duelen más de lo habitual. Argentina cerró 2025 con 5.209 muertes por suicidio, una cifra récord que representa un aumento interanual del 22,6%. Y Entre Ríos no quedó al margen: la provincia registró 20,8 casos cada 100.000 habitantes, colocándose entre las jurisdicciones con las tasas más elevadas del país.
El dato es un golpe directo a la conciencia colectiva. No estamos hablando de una estadística abstracta: detrás de cada número hay una familia, un barrio, una historia que se cortó. Que Entre Ríos figure en ese podio negativo obliga a preguntarse qué está pasando puertas adentro, en los hogares, en los consultorios, en los centros de salud mental de la provincia.
El incremento del 22,6% en un solo año es una señal de alarma que no admite demoras. Los especialistas en salud mental vienen advirtiendo desde hace tiempo que la combinación de crisis económica, aislamiento social y déficit en el acceso a tratamientos forma un cóctel peligroso. La pregunta que queda flotando es si los sistemas de salud provinciales y municipales tienen la capacidad real de responder a una demanda que claramente está creciendo.
En Entre Ríos, como en el resto del país, la prevención del suicidio sigue siendo una deuda pendiente. Los recursos destinados a salud mental son históricamente insuficientes, y la brecha entre quienes necesitan ayuda y quienes efectivamente la reciben sigue siendo enorme. Hablar del tema, visibilizarlo y exigir políticas concretas es el primer paso para que estos números dejen de crecer.
Si vos o alguien cercano está atravesando una situación de crisis, el Centro de Asistencia al Suicida atiende las 24 horas al 135 (desde líneas fijas y celulares, sin costo).


