Tres años, 65 puntos en el rostro y una operación de urgencia. Eso es lo que le dejó a un nene el ataque de un perro cruza con pitbull que no era un extraño: era parte de su entorno familiar. El hecho ocurrió en Córdoba y sacude otra vez el debate sobre la tenencia de razas potencialmente peligrosas.
El pequeño sufrió una grave lesión en el pómulo que requirió intervención quirúrgica. La magnitud de los puntos da una idea de la violencia del mordisco: no fue un rasguño ni un susto, fue un ataque que pudo haber terminado mucho peor. Que el animal perteneciera al círculo familiar del chico no hace la historia menos dura, sino todo lo contrario.
Lo que agrava el cuadro es el contexto: este es el tercer episodio grave con niños registrado en Córdoba durante agosto. Tres casos en menos de un mes, todos con menores, todos con consecuencias serias. No es casualidad ni mala racha: es un patrón que debería estar encendiendo alarmas en las autoridades sanitarias y municipales de esa provincia.
El debate sobre los perros de razas consideradas peligrosas vuelve a la superficie cada vez que una imagen como esta aparece en los medios, y vuelve a hundirse cuando el ciclo noticioso avanza. Mientras tanto, los chicos siguen siendo las víctimas más vulnerables: no tienen capacidad de leer las señales de un animal en tensión, no pueden defenderse y, en muchos casos, el perro que los ataca es uno al que conocen y en el que confían.
El nene está fuera de peligro, pero las 65 suturas en su cara van a contar esta historia por mucho tiempo. La pregunta que queda flotando es cuántos casos más hacen falta para que la respuesta institucional deje de ser reactiva y se vuelva preventiva.


