Nueve meses en el mar, marineros que perdieron hasta 14 kilos, un solo psiquiatra disponible y una respuesta oficial que los llama mentirosos. Eso es lo que denuncian familias de marinos estadounidenses desplegados en Medio Oriente, en uno de los episodios más incómodos para la administración Trump en materia de bienestar de sus propias fuerzas armadas.
Los testimonios apuntan principalmente al USS Abraham Lincoln, un portaaviones con más de 5.000 marinos e infantes de Marina que lleva casi nueve meses en el mar desde noviembre pasado. Según los familiares, algunos tripulantes perdieron entre 20 y 30 libras —entre 9 y 14 kilos— durante sus misiones. A eso se suman problemas con la alimentación, el agua potable, el agotamiento físico y serias dificultades para acceder a atención de salud mental. Los entrevistados pidieron mantener el anonimato por temor a represalias contra sus seres queridos en servicio activo.
La situación escaló cuando Donald Trump fue consultado sobre estas preocupaciones y respondió con una sola frase: “No, no lo están”. Además, sostuvo que nueve meses de despliegue del Lincoln “no son ni de cerca suficientes”. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, también rechazó las denuncias y aseguró que la situación a bordo había sido “completamente tergiversada”.
Las palabras de ambos funcionarios encendieron la bronca de los familiares. La hermana de un tripulante del Lincoln lo dijo sin rodeos: “Crecí en unos Estados Unidos donde hay que ser muy respetuoso con los militares, porque hacen el máximo sacrificio, y ahora tenés al comandante en jefe y al secretario de Defensa desestimando sus experiencias y llamándolos mentirosos”. Lo calificó como una “sensación de traición” y tildó los comentarios oficiales de “falsos y descuidados”.
La madre de otro marinero del Lincoln planteó la pregunta que resume el reclamo de muchas familias: “Mi hijo se alistó para servir a su país. Pero ¿por qué su país no lo está sirviendo a él?”. Según su relato, los problemas van desde la comida hasta el agua limpia y las condiciones generales de vida a bordo.
El cuadro de salud mental es especialmente preocupante. Según mensajes que un tripulante envió a su hermana, el consejero encargado del apoyo psicológico durante el despliegue abandonó su puesto meses atrás. Hoy existe una espera de cinco semanas para acceder al único psiquiatra disponible, salvo en emergencias. El mismo marinero hizo referencia a compañeros que habrían intentado quitarse la vida. CNN informó que a comienzos de agosto un marinero cayó o saltó al agua y tuvo que ser rescatado en helicóptero.
La situación no se limita al Lincoln. La madre de un integrante del USS Tripoli, buque de asalto anfibio con unos 3.500 efectivos, aseguró que su hijo perdió más de 30 libras —unos 13,6 kilos— en cinco meses de despliegue activo. El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) no respondió a las consultas sobre los desafíos logísticos que enfrentan los buques en la región.
Mientras tanto, se informó que el USS George Washington sería enviado para reemplazar al Lincoln. Pero los familiares se muestran cautelosos: aseguran que anteriormente se anunciaron relevos que finalmente no se concretaron. La confianza en las promesas oficiales, a esta altura, parece tan escasa como los suministros a bordo.


