La distancia no amortigua el miedo. Anderson Lozano, colombiano de San Andrés que lleva 17 años viviendo en Paraná, lo sabe mejor que nadie: cuando el terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia, su corazón quedó partido entre dos países.
Una tía suya reside en Pereira, una de las ciudades más golpeadas por el sismo. “Tuvo mucho miedo“, relató Anderson, con esa sencillez que a veces dice más que cualquier estadística. No hacen falta más palabras para imaginar lo que vivió esa familia del otro lado del continente mientras la tierra se movía bajo sus pies.
Anderson resume la experiencia con una frase que vale para todos: “La vida nos puede cambiar en cualquier momento“. Una verdad que el terremoto volvió a subrayar con brutalidad, recordando que la naturaleza no avisa ni negocia.
Su historia es también la de miles de inmigrantes que construyeron su vida en Argentina y que, ante una catástrofe en su país de origen, quedan atrapados en una angustia particular: la de no poder estar, la de seguir las noticias desde lejos, la de esperar que el teléfono suene con buenas noticias. En ese limbo emocional, cada actualización de las redes se convierte en un latido.
El sismo que afectó a Colombia dejó a varias ciudades con daños severos, y Pereira fue una de las más impactadas. Desde Paraná, Anderson sigue de cerca la situación de su tía y de su país, con la esperanza de que la reconstrucción sea tan rápida como fue el sacudón.


