La incertidumbre tiene nombre y apellido en CAFESG: 78 trabajadores de planta transitoria no saben si van a llegar con trabajo al 31 de diciembre, y seis ya recibieron el golpe. No es una crisis repentina, es el resultado de años de precariedad que esta gestión decidió no resolver, sino profundizar.
El delegado Lambert lo dijo sin rodeos: en gestiones anteriores, las renovaciones de contrato eran automáticas. Hoy, el presidente del organismo, Carlos Cecco, no puede garantizar la continuidad laboral de nadie. La única oferta sobre la mesa es renovar contratos, pero apenas hasta fin de 2026, y solo si antes se reduce la planta. La pregunta que se hacen los trabajadores es brutal: ¿cómo se pasan las fiestas con esa espada colgando?
Los que más duele son los casos con 15 o 20 años de antigüedad, personas que cumplieron, que no faltaron, que hicieron lo que se les pidió. El temor concreto es recibir un llamado de la oficina de personal avisando que se prescinde de sus servicios desde ese mismo momento. No hay carta documento, no hay proceso: hay un llamado.
Los abogados consultados por los trabajadores encontraron jurisprudencia favorable: no desarrollan una actividad con principio y fin como una obra pública, sino que son parte estructural del organismo. Pero la única solución real es ingresar a planta permanente, que hoy tiene solo 51 cargos. En 2023, la Legislatura aprobó esa planta permanente, pero no alcanzó para todos. El compromiso de incorporar progresivamente al resto quedó en manos de la gestión anterior, que perdió las elecciones.
El secretario general de ATE Concordia, Pedro Pérez, fue al hueso: según le explicó el propio Cecco, la decisión de desvincular a seis empleados —dos de Chajarí y cuatro de Concordia, con entre cinco y quince años de antigüedad— fue tomada para evitar que desde Paraná lo hicieran “al azar”. En criollo: eligió a quién echar para que no eligieran otros. El gremio no comparte esa lógica, y tiene razones.
Lo que complica aún más el panorama es el historial reciente. Cuando ATE se reunió por 21 despidos anteriores, les aseguraron que no habría más desvinculaciones. Después vinieron cuatro más. Ahora, seis nuevas bajas. La palabra de las autoridades del organismo tiene un problema serio de credibilidad.
El sindicato pide que los seis despedidos sean reincorporados al menos hasta fin de año, cuando entre 10 y 12 empleados accederían al beneficio jubilatorio y liberarían cargos de manera natural. Pero Cecco tampoco pudo garantizar que no haya nuevas cesantías antes de esa fecha. La precariedad no es un accidente: es una política.


