El mundo comercial amaneció con una sacudida. Estados Unidos activó hoy nuevos aranceles que impactan a 60 países, y Argentina está en esa lista. No es un rumor ni una amenaza: es una medida en vigor desde este viernes 25 de julio.
La movida de Washington ya generó rispideces diplomáticas en varias latitudes. Australia, Nueva Zelanda y Japón fueron los primeros en alzar la voz y protestar formalmente por estas restricciones comerciales. Son economías que no suelen hacer ruido en vano, lo que da una idea del peso real de la medida.
Lo que llama la atención en este lado del mundo es el silencio. El gobierno del presidente Javier Milei, que construyó buena parte de su capital político en la relación con Donald Trump y el alineamiento con Estados Unidos, todavía no emitió ninguna declaración oficial al respecto. Ni un comunicado, ni una conferencia, ni un tuit. Nada.
La pregunta que flota es obvia: ¿cómo se negocia con un socio estratégico que te pone aranceles sin que el gobierno salga a explicar qué pasa? La sintonía fina con Washington que tanto se pregonó desde Casa Rosada enfrenta ahora una prueba concreta, y la respuesta oficial —por ahora— es el mutismo.
Para Entre Ríos, provincia con fuerte perfil exportador en sectores como la citricultura y los arándanos, cualquier encarecimiento de acceso al mercado norteamericano no es un dato abstracto: es plata que puede dejar de entrar. El impacto real dependerá de los porcentajes específicos aplicados a cada producto y de si el gobierno argentino logra algún tipo de negociación en las próximas horas o días. Por ahora, el reloj corre y la respuesta oficial todavía no llegó.


