El río sube y la orilla cambia de cara. En Bajada Grande, los pescadores miran el Paraná con una mezcla de resignación y expectativa: la creciente les complica el trabajo de hoy, pero le apuestan al mañana.
Según cuentan quienes trabajan el río a diario, algunas especies escasean y el aumento del caudal hace más difícil la actividad en el corto plazo. Las condiciones cambian, los puntos de pesca se mueven, y la rutina se trastoca. No es novedad para ellos, pero tampoco deja de pesar.
Sin embargo, la lectura de fondo es otra. Los mismos pescadores destacan que la crecida favorecerá la reproducción de los peces y la recuperación del recurso pesquero. El agua alta inunda zonas de vegetación ribereña que funcionan como refugio y criadero natural: ahí es donde muchas especies desovan y donde las crías encuentran protección en sus primeras semanas de vida.
Es un ciclo que el río repite desde siempre y que los pescadores con años de oficio conocen bien. La creciente no es solo un obstáculo: es también una oportunidad que el Paraná le ofrece a su propia fauna para renovarse. Quienes viven de él lo saben, y por eso esperan.
La actividad pesquera en Bajada Grande seguirá condicionada mientras el río se mantenga en ascenso, pero la expectativa es que, pasada esta etapa, la recuperación de las poblaciones de peces se note en las capturas de los próximos meses.


