En la Exposición Rural de Palermo, el gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio, volvió a poner sobre la mesa una de sus banderas más repetidas: la eliminación de las retenciones a las exportaciones agropecuarias. No es la primera vez que lo dice, y probablemente no sea la última, pero el escenario elegido —el escaparate más visible del agro argentino— le da a la declaración un peso político que no es menor.
Frigerio reconoció que el campo “está pasando un buen momento”, aunque aclaró que los márgenes de rentabilidad todavía no son los que el sector quisiera. Aun así, destacó un “crecimiento muy importante” y fue categórico al definir al agro como “la locomotora de la recuperación de la Argentina”. Para el gobernador, sin retenciones ese motor podría rendir mucho más.
El reclamo no es nuevo, pero la insistencia tiene su lógica: Entre Ríos es una provincia profundamente agrícola, con la citricultura, la soja y la ganadería como pilares de su economía. Cualquier política que afecte los márgenes del productor impacta directo en el tejido productivo entrerriano. Frigerio lo sabe, y cada aparición en foros del sector es también una señal hacia adentro de la provincia.
La posición del gobernador PRO se alinea con la histórica demanda del campo, pero choca con la realidad fiscal del gobierno nacional, que aún depende de las retenciones como fuente de ingresos en un contexto de ajuste. La tensión entre lo que el sector reclama y lo que la Nación puede ceder sigue siendo el nudo gordiano de la política agropecuaria argentina. Frigerio eligió Palermo para recordar en qué lado de esa grieta está parado.


