Una noche que debía terminar en casa terminó en terapia intensiva. Leila Fernández, de 24 años, está internada en estado grave después de ser atacada por tres mujeres a la salida de un boliche y sufrir además un siniestro vial en el mismo episodio.
La madre de la joven no se guardó nada: “Podrían haberla matado”, dijo, y con esa frase resumió el horror de una situación que todavía no tiene explicación clara. El pedido de justicia de la familia es urgente, y la pregunta que flota en el aire es obvia: ¿qué nivel de violencia hace falta para dejar a alguien en terapia intensiva?
El local donde ocurrió la previa del ataque tomó una decisión rápida: prohibió de por vida el ingreso de las tres agresoras. Una medida que puede leerse como un gesto, aunque nadie en la familia de Leila va a conformarse con eso mientras ella sigue conectada a los monitores de una guardia.
El caso combina dos hechos que se potencian: la golpiza grupal y el siniestro vial posterior, lo que agrava el cuadro clínico de la víctima y complica el panorama judicial para las involucradas. La violencia entre mujeres jóvenes en contextos nocturnos no es un fenómeno nuevo, pero cada vez que escala a este nivel deja en evidencia que los mecanismos de prevención siguen siendo insuficientes.
La situación de Leila continúa siendo crítica y su familia aguarda novedades tanto de su evolución médica como del avance de la causa judicial.


